Por las verdinosas piedras
el agua, cristal sonoro
empapa las hojas yertas
de los moribundos chopos.
La hiedra se apelotona
en los troncos retorcidos;
el agua suena burlona
en el recodo del río.
Una charca, espejo claro
donde se miran los chopos
con los reflejos dorados
que le regala el otoño.
!Cuánta paz rezuma el campo!
y cuánta melancolía...
El agua se va llevando
en su cristal mi alegría.
Ya está cayendo la tarde,
los álamos se han dormido.
El cielo se enciende y arde
tras el monte renegrío.
13-12-09
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