De todo lo acontecido
a lo largo de estos años
yo me quedo con tus manos,
despertadoras de ensueños;
tus manos descubridoras
de espacios ocultos,
de rincones dormidos
allá en la selva virgen
del mapa de mi cuerpo.
Tus manos desbrozadoras
de frágiles espesuras.
Como hábiles hoces
iban tus manos apartando
el espeso follaje de mi ropa.
A un ejército de botones te enfrentaste
y como un guerrero valiente
los fuiste derribando uno a uno;
peleaste con árduas cremalleras
y osados cinturones
mi heróico caballero,
vencedor de presillas imposibles.
Yo me quedo con tus manos
exploradoras y sabias,
manos diestras y abarcantes
como ígneos tentáculos
adheridos a mi carne.
Tus manos omniabarcantes
dieron vida a mis sentidos
llenando cada hueco, cada vacío
hasta el último intersticio,
llegando desde los hundidos valles
hasta las cimas más altas
de mi breve orografía.
De todo lo acontecido
a lo largo de estos años
yo me quedo con tus manos.
Guardaré en mi memoria
el mundo de sensaciones
que tus manos despertaron
en mi piel adormecida.
Las guardaré y desempolvaré
cuando la soledad se ponga impertinente,
igual que ahora, esta tarde
que agoniza en mi ventana,
esta tarde de domingo
de este enero interminable.
El recuerdo de tus manos
ha vencido al fin este frío insoportable.
24-1-11
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